Reducción de jornada y compensación salarial. El debate teórico.
Cada vez que históricamente, y en la medida en que aumentaba el paro, se planteaba la necesidad de repartir el trabajo, se argumentaba que ésta medida se viabilizaba sólo si a su vez se reducían en la misma proporción los salarios reales. Los defensores del sistema y los detractores de esta medida, obtenían así la solidaridad del conjunto de los asalariados con sus posturas (y la insolidaridad con los/las excluidos). Reflejaremos aquí por lo tanto una breve síntesis de la problemática, y del amplio debate que en torno a denominaciones como "reparto del trabajo y nivel salarial" o "reparto del trabajo y compensación salarial", según sea el caso, se realiza hoy en el contexto europeo.
Reducción de jornada y competitividad empresarial
Comenzaremos exponiendo el análisis económico de la incidencia en el mundo empresarial de un potencial reparto del trabajo en el momento actual. Así, si disminuimos la jornada laboral vigente en un porcentaje determinado (10%, 20% o 25% según sea el caso), al objeto de incrementar el empleo en la misma proporción, tendríamos que considerar tres escenarios posibles:
El primer escenario se reflejaría en la reducción de la jornada de trabajo acompañada de su correspondiente reducción salarial. En este caso, la nueva situación gozaría de los incrementos de productividad horaria media derivados del menor número de horas trabajadas por persona y del ahorro en prestaciones sociales derivado de la disminución del paro. Dicho de otra manera los costos unitarios disminuirían y se ganaría en competitividad, (con posibilidad de crear más empleo) pero a costa de una reducción en la misma proporción de la renta mensual. Los trabajadores/ras mantendrían el salario-horario y ganarían tiempo libre pero se reduciría su renta global.
El segundo escenario reflejaría una reducción de la jornada de trabajo acompañada de una compensación salarial total. Los antiguos trabajadores mantendrían aquí sus rentas mensuales (y los nuevos gozarían de ellas) pero los costos unitarios aumentarían, disminuyendo en competitividad. El resultado previsible de esta situación sería un cierre de las empresas menos rentables con la consiguiente nueva pérdida de empleo correspondiente. Los trabajadores/ras incrementarían considerablemente su salario-horario y ganarían tiempo libre, pero podrían hipotecar el futuro de la empresa.
El tercer escenario reflejaría una reducción de la jornada de trabajo acompañada de una compensación salarial parcial, de manera que se mantendrían los costes unitarios. Como en los casos anteriores, la nueva situación gozaría de un cierto ahorro en prestaciones sociales. La compensación salarial se derivaría directamente de los incrementos de productividad horaria media que, según todos los cálculos, resultan del menor número de horas trabajadas por persona y no sería, por lo tanto, muy significativa (esta compensación podría aumentar, a su vez, con una fiscalización de las cotizaciones sociales). Los trabajadores/ras incrementarían el salario-horario y ganarían tiempo libre (sin que por ello tuvieran que hipotecar para nada el futuro de la empresa) pero seguirían sufriendo una merma en su renta global.
La compensación salarial (Husson y Lipietz)
No obstante, la posibilidad de compensar los niveles salariales globales (las rentas mensuales) con recursos procedentes del presupuesto público, que traspasarían una serie de recursos a la financiación de una porción de esta masa salarial, nos lleva a un replanteamiento del debate, meridianamente reflejado en el caso francés con dos grandes corrientes.
Estarían en primer lugar aquellos que, como Michel Husson, la L.C.R. y el movimiento "Agir ensemble contre le chomage", consideran factible una reducción considerable de la jornada de trabajo (de 39 a 35 horas) compensando la totalidad de los niveles salariales (es decir, sin reducir las rentas mensuales). La compensación salarial total sería posible por la vía de transferencias del presupuesto público a los/las asalariados (a través de las empresas), procedentes del ahorro en prestaciones sociales, recaudaciones provenientes de la lucha contra el fraude, ingresos derivados de una reforma fiscal que grave los patrimonios y rentas financieras y de nuevos ingresos provenientes de la reducción de los costos de amortización por unidad de producto provocada por una mayor utilización de los equipos como consecuencia del relanzamiento de la demanda. (Esta última fuente de financiación sería, a nuestro juicio, de dudosa viabilización, puesto que exigiría, en nuestra época actual de globalización, que el relanzamiento de la demanda fuera real, que ésta no fuera solventada por los productores extranjeros y que el exceso de capacidad productiva tuviera salida en el mercado). Nos reencontramos de esta manera con la viabilización del segundo escenario anteriormente considerado. La preocupación fundamental de esta corriente es contraponer una línea frontal de oposición a la patronal en toda la línea, priorizando el mantenimiento de los actuales niveles salariales (y la unidad de los/las asalariados) a los criterios de viabilización económica de sus presupuestos y a la generación de una dinámica que vaya progresivamente reduciendo la exclusión social
Estarían en segundo lugar aquellos que, como Alain Lipietz y el Movimiento Ecologista, prevén la imposibilidad de una compensación salarial total y adecuan sus análisis a una opción de "reducciones significativas de la jornada laboral con compensación salarial parcial". Esta segunda corriente prioriza la generación de una dinámica contra la exclusión sobre el mantenimiento de los niveles salariales; buscando por lo tanto, profundizar en las opciones económicas que hagan factible su propuesta. Hay que considerar además que la lucha contra la exclusión engloba la reducción de la jornada, el salario social y el trabajo comunitario; por lo que los recursos disponibles deben de ser utilizados para financiar el conjunto de estas medidas, apreciando significativamente esta segunda propuesta. Nos encontramos por lo tanto en el tercer escenario anteriormente considerado, pero con una compensación salarial mensual significativamente superior a la prevista.
Diferentes alternativas en la compensación salarial parcial
A su vez, el análisis de este tercer escenario de reducción de jornada con compensación salarial mensual parcial (Lipietz estima realista una compensación del 70% de la masa salarial total), nos llevaría a plantear alternativas diferentes.
La primera alternativa consistiría en una compensación salarial proporcional a las diferencias existentes en la jerarquía salarial previa. Esta sería la alternativa más favorable a los cuadros y más inaceptable socialmente (además no contentaría a nadie).
La segunda alternativa consistiría en establecer un aumento lineal igual para todo el mundo (50.000 pts de subida lineal para todos/todas por ejemplo). Evidentemente sería socialmente más aceptable aunque tampoco agradaría a los cuadros.
La tercera alternativa consistiría en establecer una compensación salarial total para los salarios medios y bajos y dejar que los cuadros y técnicos superiores negocien con la patronal su situación concreta. Para Lipietz por ejemplo esta sería la alternativa más viable y adecuada a la situación de Francia. La amplia mayoría de trabajadores/ras (en todo caso más de la mitad de los trabajadores/ras) incrementarían su salario-horario, ganarían en tiempo libre y mantendrían sus rentas mensuales. La situación de los cuadros, técnicos medios y superiores estaría sujeta a los resultados derivados de su negociación con la empresa.
Una Ley Marco para la reducción de jornada
Para finalizar con el debate del reparto del trabajo y la compensación salarial, debemos precisar que la coherencia macroeconómica del proyecto sólo se materializa en el caso de que la reducción de jornada sea de aplicación general en la sociedad. Dicho de otra manera, el aprovechamiento de los nuevos incrementos de productividad, la viabilidad económica de una reducción salarial inferior a la reducción del tiempo de trabajo y las sinergias creadoras de empleo, solo serían factibles en el caso de que la reducción de jornada sea de aplicación general en la sociedad.
Por lo tanto, la reducción del tiempo de trabajo debe ser general y significativa para que tenga eficacia económica, aceptación social e incidencia cultural positiva. Sobre este punto, ambos autores (Husson y Lipietz) están de acuerdo y consideran que la nueva semana laboral (de 35 o de 32 horas) se implantaría mejor si se impone por Ley. A su vez, la diferente situación de cada empresa en el panorama económico explicaría la necesidad de una negociación descentralizada por empresas para fijar los ritmos y modalidades de la implantación de las nuevas medidas de reparto del trabajo.
Los sujetos políticos del proceso
En estas condiciones habría que considerar los sujetos políticos del proceso. Si la iniciativa del reparto del trabajo parte de los económicamente activos/vas, las argumentaciones de tipo salarial tendrán prioridad. Además, toda la inercia sindical y política de la época fordista empuja en este sentido. A su vez, si la iniciativa política del reparto del trabajo está asentada en los sectores excluidos, las lógicas de la redistribución del empleo existente y del salario social serán prioritarias respecto a la argumentación salarial.
No se puede obviar las alianzas sociales que se derivan de la opción adoptada. Así, la alianza social que se deriva de la opción de la compensación salarial total (Michel Husson) articula, en su versión optimista, el conjunto de los asalariados con la masa de los excluidos, y en su versión más pesimista y/o realista, articula el conjunto de los asalariados con los excluidos concienciados e ideologizados que están dispuestos a subordinar su inclusión en la sociedad y en el mercado de trabajo a la previa consecución de conquistas sociales más amplias.
A su vez, la alianza social que se deriva de la compensación salarial parcial (A. Lipietz), establece un puente entre los sectores excluidos, los precarizados y aquellos trabajadores/ras asalariados que se situarían en los niveles bajos y medios de la escala de remuneración (con significativa presencia de la mujer trabajadora). Esta alianza: excluidos-precarizados-masa de asalariados, sería la base sociológica que pudiera cristalizar aquí el reparto del trabajo y el salario social. En esta segunda opción, los asalariados deben negociar entre ellos/ellas y con la empresa, el nivel de compensación salarial y la remodelación de la escala salarial.
En este orden de cosas, conviene remarcar que la nueva dinámica de renta universal y reparto del trabajo aborda el conjunto del mercado de trabajo, y sólo será efectiva si se cimenta sobre la real cristalización de una alianza entre trabajadores/as activos, precarizados, mujeres que trabajan en el hogar y excluidos.